El último día de François Cevert.


"Cuando me vi lanzado sobre los rieles estuve seguro de que me iba a matar. A 150 kilómetros por hora era difícil pasar de allí. Tuve miedo..."

Así hablaba Cevert de su accidente en Canadá, en la penúltima fecha del Campeonato Mundial de F-1 de 1973, después de un choque con Jody Scheckter. Tenía todavía los pies lástimados, pero se sentía lo suficientemente bien para ganar el Gran Premio de Estados Unidos, como ya lo había hecho en 1971. Ello significaba hacerse de 50 mil dólares y desplazar a Fittipaldi del segundo lugar del campeonato.

Era el Viernes 5 de Octubre, a pocos minutos de la primera sesión de entrenamientos en Watkins Glen, el cielo estaba nublado, llovía, pronto un viento sostenido empujó las nubes. Cuando terminó el entrenamiento el cielo se había despejado. François había registrado el tercer mejor tiempo, detrás de Peterson en Lotus y Stewart en el otro Tyrrell. "Todo va bien, sólo que después de 10 vueltas el dolor reaparece ligeramente y cansa un poco", había dicho Cevert, reflejando su ligera inquietud por sus pies lastimados en Canadá.

El Sábado el cielo estaba absolutamente limpio. Cuando los primeros coches entraron a la pista, la temperatura era fresca. Los rayos del sol venían apenas a acariciar la piel. Íbamos a asistir a la jornada de entrenamientos desde la cumbre de una torre metálica, dominando la "S" de Watkins Glen. Es una pasada muy rápida, donde la pista está bordeada de cordones de seguridad. A la distancia se tiene la impresión de que las ruedas de los monoplazas rozan las defensas, lo que resulta tanto más impresionante debido a la velocidad de los coches. Enseguida la pista hace un codo cerrado a la derecha, llamado "el 90", por los 90 grados de la curva, los F-1 salen en tercera, aceleran a fondo, pasan en cuarta y reaceleran para entrar, 200 metros más allá, en la primera parte de la "S" de la que hemos hablado. Es ahí donde los verdaderos ases, como Stewart y Fittipaldi les sacan tiempo a sus adversarios.

A nuestros ojos, todos hacen prodigio de sus pericia en ese pasaje de la pista. Se admira la línea de Peterson, cuya velocidad parece fantástica. Se admira de igual manera, la soltura de Stewart, uno de los pocos que pasa en quinta velocidad. Muchas veces se tiembla, como cuando el Surtees de Pace parece derrapar, consiguiendo su piloto recuperar el control casi milagrosamente, o cuando Hunt parece despreciar toda prudencia al volante de su March.



¿Y Cevert?, él hace pasadas soberbias, de gran arte. No hay nada que decir. Quedan 10 minutos para el final de los ensayos, dejamos nuestro punto de mira para volver a los stands. Frente al viraje llamado "el 90" nos detenemos para seguir a Cevert con la mirada, sin saber que será por última vez. Frena para "el 90", y el Tyrrell desacelera impecablemente. Pensamos que los Tyrrell siempre han andado bien en esta pista. Cevert acelera a la salida de la curva y el ruido de su motor es cubierto por el de otro coche, el McLaren de Scheckter. En ese momento se produce el accidente, son las 11:54 del Sábado, estamos lejos, pero vemos a un coche oficial sobre la pista, seguido de uno de bomberos, de una ambulancia y de otro carro bomba.



Angustia, ninguna señal aparece más allá de los árboles. ¿Será una falsa alarma?...

Luego un silencio sepulcral cae sobre el circuito. Los altoparlantes están mudos. En los boxes todas las expresiones están ansiosas, John Surtees corre hacia un comisario de pista, que está en comunicación con todos los sectores del circuito.

-¿Qué pasa?, ¿Quién es?...Es un coche azul...

Pero el rumor ya circula, "es Cevert", Stewart ha pasado frente al box de Tyrrell haciendo señas. Los minutos pasan, Ken Tyrrell ya no está en su stand. Se trata ciertamente de Cevert.

Chapman se inquieta. Emerson se detiene en el box de Lotus, no puede responder, abandona su coche y va a ocultarse. Luego llega Ickx, después Beltoise, pálidos detrás de sus cascos.

-¿Es François?, -Sí, es François...-¿Cómo está?...
-...He visto a un enfermero cubrirlo con una sábana...Alguien dice.

Beltoise deja correr sus lágrimas, Ickx no se mueve de su coche.


Con sólo 29 años parecía cumplir su destino, aquel que le vaticinó una adivina a su ex-novia Anne “Nanou” Van Malderen muchos años antes.

"La adivina sólo te miraba fijamente a los ojos durante un largo rato y examinaba una foto y luego escribía algo imposible de descifrar. Aunque estaba atendiendo otros asuntos con mi madre, la mujer de pronto me miró fijamente y exclamó: "Debo hablar contigo". Sorprendida crucé la habitación y cuando estuve frente a ella me dijo: "Tu matrimonio no durará… conocerás a un hombre que dejará una profunda huella en tu vida, serás feliz… puedo ver sus ojos azules… puedo ver el mar… lo conocerás cerca del mar". "En 1964 conocí a François en Saint Tropez".

"Dos años más tarde, cuando François iba a presentarse en el concurso Shell, fui nuevamente a ver a la adivina. No le dije nada sobre él, solo le mostré su fotografía…", "ya lo has conocido –dijo- es extraño, su imagen se me aparece confusa y entremezclada con algo, una máquina, tiene ruedas pero no tiene cuerpo… qué puede ser?". "Es un auto de carreras"-respondí. La mujer siguió diciendo: "Asistirá a un examen o algo parecido y lo ganará. Veo una exitosa carrera… pero no podrás retenerlo porque su éxito los separará… este hombre no cumplirá los 30 años". "El calendario marcaba el 29 de junio de 1966".

"Cuando le comenté todo a François me dijo que mi vidente estaba loca y que él mismo iría a verla. Y efectivamente la visitó en septiembre. Cuando regresó me preguntó si yo acaso había telefoneado a la mujer. Le contesté que no, que para qué iba a hacerlo y por qué me lo preguntaba… me contestó que le había dado las mismas predicciones que a mí". "Y dice que no llegaré a los 30 –me dijo François- Qué me importa si para entonces ya seré campeón del mundo. Moriré con toda mi fama… que muerte más gloriosa!"

Años después, "Nanou" volvió a visitar a la vidente. Pero esta vez llevó una foto de François tomada cuando era muy niño, imposible de reconocer. La mujer la examinó largo rato en absoluto silencio. Después levantó la vista y sólo dijo… "Está muerto".



"Uno debe elegir, dirigir su vida, disfrutando y haciendo algo que puede llegar a matarlo, o hacer otra cosa que lo aburra… Yo no estoy dispuesto a aburrirme". Declaraba Cevert tiempo antes. Sería el último Gran Premio para el aprendiz y su maestro. Stewart ya había decidido su retiro, mientras Cevert esperaba ser campeón y retirarse para vivir en Estados Unidos dedicándose a la viticultura. Para Stewart el accidente se debió a una apreciación diferente de Cevert para enfrentar la fatídica "S", aún así todo parecía haber estado escrito para que sucediera de aquella manera.




W.Araya C.
Texto con datos y extractos de L'Equipe y Revista Estadio.
Fotos: Sport-Auto y Archivo Museo F-1 GP.